Decálogo antidepresión

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Una breve guía para llevar una vida plena... y evitar la depresión.

Los estados depresivos afectan en nuestros días a millones de personas en todo el mundo. A veces aparecen a causa de desordenes bioquímicos y otras son debidas a motivos psicológicos: desde traumas vitales a un sumatorio de frustraciones diversas (especialmente en la etapa infantil) que configuran un mosaico negativo de factores. No es lo mismo la tristeza “justificada” por la muerte de un ser querido, por un revés de la fortuna, un suspenso en unas oposiciones o por una ruptura afectiva, que aquella tristeza sin aparente motivo que llega de pronto, se instala en el primer plano y se abre paso recorriendo los entresijos de la personalidad. Hay muchos matices en toda tristeza de cierta envergadura.

Se ofrece a continuación una especie de guía o “decálogo contra la tristeza” para ayudar al lector a salir de ese laberinto de incertidumbres y pensamientos negativos que conducen a un túnel de difícil salida. Algunos puntos son de orden preventivo, mientras que otros son más para los que padecen depresiones clínicas. Espero que estas sugerencias, que deben ser acompañadas por un proceso psicoterapéutico personalizado, sirvan para salir del embrollo engañoso y del sufrimiento que es la melancolía.

La auténtica felicidad no es un estado perfecto y permanente, sino un balance existencial positivo. Los altibajos, frustraciones, dificultades, errores, etc., son inevitables y en la mejor de las vidas todo eso asoma en distintas dosis y circunstancias. En nuestra mano está el saber encauzar esos fracasos y aprovecharlos como experiencias de las que sacar enseñanzas.

1. La felicidad como proyecto. La felicidad es el objetivo de la existencia humana. Como acabamos de comentar, no se trata de una situación estática, sino dinámica, que está en movimiento. Debemos saber que nuestra vida aspira a la felicidad con argumentos. Es un proceso que exige orden, constancia, voluntad y motivación; esos cuatro ingredientes son los que habitan en la llamada inteligencia instrumental. Se minimizan los fracasos y se valora cualquier logro por pequeño que sea. La felicidad absoluta no existe, hay que aspirar a una felicidad razonable, en donde amor, trabajo y cultura dan lo mejor de sí mismos. Enamorarse es crear una mitología privada con otra persona, ser y tener ese apoyo incondicional y enriquecerlo cada día con mil matices. El trabajo es el acompañante diario de nuestro quehacer, por eso es tan nuclear el amor por el trabajo bien hecho. La cultura es libertad: es la estética de la inteligencia. También, el privilegio del conocimiento vivido.

2. Saber tomarse las cosas de la vida con sentido del humor. El sentido del humor es patrimonio de las personas con buena salud mental. Es un componente clave de la actitud positiva. La amargura, el humor irónico y renegrido son rasgos de una personalidad pesimista, que ve y se detiene más en lo negativo que en lo positivo, en lo malo que en lo bueno. El sentido del humor es la salsa que adereza, en el día a día, las adversidades y reveses.

3. Conocerse a sí mismo.  Éste era el lema del héroe griego, alcanzar el propio conocimiento. Esto va a implicar dos cosas: conocer las aptitudes y saber las limitaciones. Ambas nos constituyen y por ello es tan importante el trabajo de la autoaceptación real de quién somos. Este es un proceso complejo, alegre y doloroso, de pulir, quitar, añadir, mejorar, afinar aspectos, vertientes, aristas y zonas de cada uno para redondear la personalidad y la vida. Una personalidad madura es un gran antídoto contra la depresión.

4. Desarrollar lenguajes interiores positivos. Desde que nace la psicología cognitiva sabemos que cada uno tiene una especie de monólogos internos privados, que acompañan los pensamientos y las acciones. Es un susurro que se abre paso en nuestra mente, en forma de mensajes mentales, anímicos, soto vocce, que comentan, critican o aprueban la conducta. Es necesario aprender a mandarse a sí mismo mensajes positivos, lenguajes cognitivos, a base de una cascada de frases, de sentencias vivas que hacemos circular por nuestra cabeza, sin ruidos negativos, con garra, atractivas, que nos empujan a lo mejor y nos reconocen todo aquello bueno que hacemos y que somos. No es fácil cambiar este automatismo, pero es imprescindible. Así, por ejemplo, ante situaciones adversas y momentos duros podemos decirnos: “Ánimo, arriba, adelante, que puedes superar esto si te lo propones; crécete ante las dificultades y serás más fuerte; no te dejes vencer por esta derrota, sigue luchando sin desanimarte; el que vuelve a luchar tiene la mitad conseguido”. Fabrica tus propias misivas, elabora una mensajería atrayente en tu cotidianidad, no sólo en los momentos difíciles.

5. Fortalecer la voluntad. La voluntad es capacidad para hacer algo valioso pero que de entrada cuesta y se hace difícil. Voluntad es capacidad para aplazar la recompensa. Es hacer algo positivo para uno mismo sabiendo que los resultados no serán inmediatos. Constituye éste un eje central de la personalidad madura y bien construida. Una persona con voluntad llega en la vida más lejos que una persona inteligente. Si la voluntad esta entrenada en una lucha constante, deportiva y alegre, será capaz de ponerse retos, exigencias, objetivos concretos. Si hay una voluntad recia, aparece la “lucidez del perdedor”, que consiste en volver a empezar y poner de nuevo sobre la mesa los propósitos a alcanzar.

6. Saber superar las crisis de la vida. La asignatura más importante es la Vida, que no es otra cosa que lo que hacemos, aquello a lo que nos dedicamos y los amores próximos y lejanos que nos envuelven. Comprendernos a nosotros mismos, tener capacidad para rectificar, perdonarnos a nosotros mismos y saber que el tiempo en sí mismo no cura todas las heridas si no lo empleamos bien

7. Tener una concepción correcta del tiempo. Que pasado, presente y futuro formen una ecuación sana, armónica. Lo cual podría quedar sintetizado en la siguiente fórmula: “una persona madura es aquella que vive instalada en el presente; tiene asumido e integrado el pasado con todo lo que eso significa; y vive abierta hacia el porvenir”. La capacidad para superar las heridas y traumas del pasado (no negarlos y esconderlos) supone tener buena salud mental. “Cada uno es hijo de sus obras”, decía Don Quijote. Cada uno es artífice de su propia felicidad.

8. Tener el apoyo de la familia y los amigos. Somos seres “sociales” por naturaleza. Necesitamos la ayuda y comprensión de los demás. La familia debe ser el recinto privado donde se aprende a amar y donde mejor se siente uno comprendido. Cada uno es como un boomerang: lo que se siembra en nosotros es lo que se recoge. Si se siembra afectividad, confianza, perdón… se recoge eso mismo. Por esos entresijos planea la amistad, que no es otra cosa que donación de uno mismo, confidencia y complementariedad. Saber que en cada persona existe una gama cromática de la amistad, que va desde el conocido al amigo íntimo y entre uno y otro se abre un abanico de posibilidades y estilos amistosos rico y variado que cambia en la forma, contenido y profundidad.

9. Recurrir al psicólogo o psiquiatra cuando sea necesario. Hay que tener presente que en las depresiones endógenas la medicación es esencial; en las depresiones reactivas, la psicoterapia es la que lleva la voz cantante. Hay que seguir las pautas terapéuticas e implicarse plenamente en el proceso si se pretenden cambios reales.

10. Búsqueda del sentido de la vida. En la sociedad actual de las prisas, el consumismo, el frenesí hedonista y la superficialidad, hemos dejado de lado lo que la historia del pensamiento y el humanismo siempre han considerado esenciales; la búsqueda de sentido, la profundidad de pensamiento, reconocer los valores que nos guían y luchar por vivirlos. Des este modo, cuando llega la tristeza lo hace, incluso, de forma constructiva. Recomendamos al respecto de éste último punto la lectura de “El hombre en busca de sentido” de V. Frankl. Una obra breve, pero cargada de significados en cada una de sus palabras, imprescindible.


-Cuando no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el reto de cambiarnos a nosotros mismos. V. Frankl.

-La clave está en lo que se enfatiza. O nos hacemos desdichados o nos hacemos fuertes. Cuesta el mismo trabajo lo uno que lo otro. J. Matus.

-Las personas fueron creadas para ser amadas. Las cosas fueron creadas para ser usadas. La razón por la que el mundo está en caos, es porque las cosas están siendo amadas y las personas están siendo usadas. J. Moldú.

-Los hombres olvidan siempre que la felicidad es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias. J. Locke.

Ya todos estamos en edad de tirar por la borda los sentimientos que no sirven para nada y quedarnos sólo con aquellos que nos ayudan a vivir. I. Allende.

-Amor es lo que queda en una relación cuando se ha prescindido de todo egoísmo. Hightower.

-Aquel que tiene un “porqué” para vivir, puede enfrentarse a todos los “cómos”. F. Nietzsche.


 Extraído de Enrique Rojas.