Reflexión I

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"El medico dice que no tengo nada"

"El medico dice que no tengo nada". Es así como empiezan muchas de las primeras visitas que recibimios los psicólogos clínicos. Nos encontramos con una persona escéptica, que "no cree" en la psicología como si de una religión ancestral se tratara. Y es cierto que nos queda un mundo por conocer que hoy se mantiene inexplorado. Más por falta de medios que de genuino interés. Y así nos llegan algunos pacientes, con un halo de obligación, de deber o de última oportunidad para resolver sus males. 

Vivimos en la era del Positivismo y de la ciencia y pareciera que aquello que no podemos ver, no existe. No hay una analítica para la ansiedad y los miedos, no hay radiografías para la depresión ni resonancias para las crisis de pareja. Pero es un dolor que existe y que tiene efectos sobre nuestra salud física. Cada vez más, la medicina ortodoxa esta comprendiendo que somos seres bio-psico-sociales y está integrando este planteamiento holístico (global, cuerpo-mente). 

Pero siendo de este modo, aun asistimos a escenas del tipo "¡qué me va a decir a mi un psicólogo si lo que tengo yo son contracturas!", "¡Cómo me va a ayudar un psicólogo con las taquicardias! ¡Cómo puede ser que el cardiólogo me derive al psicólogo!".

Este tipo de verbalizaciones nos indican en que punto estamos como sociedad respecto a la salud (física, mental, social; son piezas de un mismo puzzle). Intentar abrir la perspectiva de los pacientes no es facil y a veces resulta hasta imposible. Y en ese momento a menudo les hablamos de las somatizaciones, es decir, de cómo a través del cuerpo se expresan dificultades o malestares emocionales de los que tenemos escasa conciencia. La actitud del paciente hacia estas explicaciones es determinante. Deste el mutismo y el "ya le llamaré porque quiero que me hagan más pruebas", hasta el esperanzador "no lo había pensado de ese modo, pero tiene sentido".

Son dos posiciones que con total probabilidad determinarán pronósticos muy distintos. El malestar psicológico y el sufrimiento mental nos afecta a unos y a otros en momentos determinados de nuestra vida. Sepamos "escuchar" a nuestro cuerpo cuando nos dá señales de alerta. Este sería el mejor aprendizaje que todos podríamos adquirir.